Más o menos a esta hora, quince años atrás, yo estaba pariendo por última vez. Pero no recuerdo esa época con alegría. La Sofi llegó al mundo sin que la buscáramos, pero lo peor es que además vino en el peor momento económico de esta familia. En 1989 estábamos tan mal, pero tan rematadamente mal, que no solamente pensamos en abortar a la Sofi, sino que incluso barajamos muchas veces la posibilidad de matar al Toño, que tenía año y medio y zampaba como lima nueva.
Los problemas de dinero, además de hambre, traen mucho malestar en las familias. Gritos y portazos. La pasta que no alcanza. Discusiones por cualquier cosa... Para peor, el Zacarías había votado a un Aznar muy jovencito y yo todavía confiaba en Felipe. Así que el pánfilo, cada vez que veía cómo se le desaparecían las pesetas del bolsillo, me echaba la culpa a mí:
—¿Ves lo que pasa cuando se le da la espalda a las nuevas generaciones de derecha? —me decía—. Además de sociata eres gilipollas...
¡Qué época más triste! Cada vez que la recuerdo me vuelven a temblar las piernas. La cosa más horrible que le puede pasar a un ama de casa, además de te que entre gente embarrada al comedor cuando has acabado de fregar el suelo, es que el dinero de la comida no alcance para alimentar a tus hijos.
Me acuerdo muy bien del día en que llegó la Sofi. Yo estaba con la barriga gigante, pasada de fecha, haciendo la cola en el supermercado. Y en ese momento, en el medio de la impotencia de que no me alcanzara el dinero para nada, rompí bolsa y las contracciones me paralizaron.
Dos horas después, en el hospital, cuando vi por primera vez a mi hija, tendría que haber pensado cosas bonitas, haberle dado gracias a Dios porque me la entregó sana y rechoncha, haberla llenado de besos felices. Pero en cambio no pensé nada bueno cuando la partera la puso en mis brazos. Le vi la carita, los puños apretados respirando por primera vez el aire del mundo, y pensé:
—"¿Y a ésta qué coño le doy de comer ahora?"
La miseria te hace egoísta; la incertidumbre te provoca rabia... Por eso la Sofi fue siempre la luz de mis ojos, la niña pequeña a la que le doy todo lo que me pide. Porque no me olvido que las colillas que el Zacarías se fumó, nervioso, mientras esperaba que llegase su hija, las tuvo que levantar del suelo. Y porque me acuerdo siempre que los primeros pañales de la Sofi fueron de tela, a la vieja usanza, porque no había un duro para desechables.
Tuve que rezar mucho durante la primera semana de mi hija; rezarle a Dios para que me diera buena leche mía, porque si no me daba leche de madre íbamos a tener que robar para comprar de la envasada. Yo creo que en el '89 me la pasé rezando para que las cosas mejorasen.
Hace un rato, a las doce en punto de la noche, cuando los relojes decían que ya era 28, me fui derecho a la habitación de la Sofi a llenarla de besos, a tirarle quince veces las orejas, a agradecerle a Dios haberla traido al mundo a pesar de todo.
Y cuando abrí la puerta la sorpresa me la llevé yo: estaban los tres hermanos juntos, esperándome (¿cómo hizo el Nacho para llegar desde tan lejos sin que lo oyera entrar?) y los tres me miraban sonriendo. Cada uno vino al mundo en una época horrible. Pero ahora estaban aquí, en casa como cuando eran críos y había una sola natilla para los tres. En casa. Y entonces supe que la fiesta de quince de esta noche, con la silla del Nacho ocupada, con el Toño peinado como a mí me gusta (con la raya al medio), y con la Sofi de blanco y preciosa, iba a ser también la primera gran fiesta de mi vida.

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Éste es uno de los 90 capítulos de una historia que se ha convertido en objeto de culto en Internet. Más de cien mil lectores de toda Hispanoamérica disfrutan con las aventuras de una familia española, narrada con desparpajo por la madre sufridora.
En realidad el autor, Hernán Casciari, es argentino y es hombre, pero está acostumbrado a llevar su narrativa a otros extremos y convertirse, por ejemplo, en una desopilante maruja de clase media, o en la princesa consorte de España, o en un vidente vasco que predice calamidades surrealistas. La editorial española Plaza & Janés lanzará este otoño la versión novelada de este éxito on line, en donde Casciari ha debido trabajar largos meses en la adaptación de la historia. Desde septiembre de 2005, la gran heroína de la Red (que paradójicamente es un ama de casa) pasará por fin de la pantalla al papel, para alegría de quienes sólo disfrutan de la lectura cuando ésta llega a través del soporte tradicional: el libro. •• Más información |