Home, sweet home

Ayer finalmente se ha vendido la casa vieja. La compró una gente de Madrid, que quiere tirarla abajo y poner un Blockbuster. Nos quedamos mudos cuando el de la inmobiliaria nos llamó esta tarde y nos dijo que la cerradura ya era otra y que solamente teníamos que ir a firmar.

Muy en el fondo pensábamos que el cartel de "Se Vende" iba a quedar de por vida pegado en la ventana. Y ahora que lo descolgaron nos ha dado una especie de impotencia. Como si se hubiera muerto un pariente y nos hubiésemos enterado seis meses después. Ganas de llorar para atrás: de haber llorado a tiempo. Cuando miremos por la ventana para esa parte del barrio, de ahora en adelante y para siempre, nos va a faltar el paisaje más importante.

La Sofi y el Toño nacieron ahí. No se acuerdan de otra cosa. Se han pegado golpes y golpes contra el mosaico aprendiendo a caminar, han jugado al escondite en todas las habitaciones, han trepado al árbol del patio hasta que lo partió el rayo del '93... Por eso, desde esta tarde, van los dos medio estúpidos, sin querer llorar pero con un nudo en la garganta que se les nota en la cara.

Para el Zacarías y para mí comprar esa casa fue lo único que nos salió bien en la vida. Peseta sobre peseta, dolores de espalda y de cabeza, horas extras en Astilleros y la venta indiscriminada de mis pasteles por el barrio. Con el Nacho pequeño, descuidado por nosotros y medio criado por los abuelos, a veces nos mirábamos y nos dábamos cuenta de que no podíamos más, que ya no teníamos de dónde sacar fuerzas; nos humillaba vivir en casa de mis padres, pero seguimos para adelante.

Era una obsesión destartalada por tener algo nuestro, era como la pelea de dos cabezones... Queríamos una familia y un techo. No queríamos nada más en la vida.

Y un día llegó. Y nos pasamos quince años debajo de ese cielo propio. Allí nacieron los críos, y llegaron las paredes con gotelé; y más adelante aparecieron los adornos del todo a cien; y después un siglo nuevo, con la paradoja de tener módem y no tener trabajo: las dos cosas por primera vez. Y nosotros allí dentro, aguantando la tormenta, como si la casa vieja fuera el paraguas de todos los males de este mundo. Como si la casa nos abrazara.

Y ahora vienen y nos dicen que van a poner un Blockbuster. Que la tiran abajo. Mira tú... Dentro de seis meses este barrio tendrá películas de Stallone donde estaba mi cajón de las bragas. Las de Meg Ryan en la parte donde el Toño tartamudeó 'papa' por primera vez. La sección Cine Clásico donde el Nacho guardaba el escaletrix. Y los DVD donde mi madre, antes de morir, me dijo por última vez que me quería.

La casa vieja nació para nosotros el doce de marzo del '88. Me acuerdo muy bien de ese día, de la tardecita en que nos dieron la llave que ahora ya no abre ninguna puerta. Entramos los dos y vimos la casa sin muebles, quieta como el río en verano, esperando llenarse de todos nosotros. El sol entraba por la ventana de la cocina, y un rayo de luz pegaba contra la mesada de mármol, haciendo parpadear el picaporte de la puerta. (Esa imagen la tengo grabada.)

Y yo, que había aguantado cuatro años de trabajo inhumano sin quejarme, que había llorado sin ruido para que mis padres no sufrieran, al ver tanta maravilla me desarmé y me puse a llorar de felicidad —aprentando la llave flamante— sobre el hombro del Zacarías. Y él, pobre santo trabajador, héroe mío, me decía:

—¿Has visto, mujer? Lo hemos logrado.

Él tenía pelo. Yo era tan bonita... Ninguno de los dos sabíamos que el Toño ya me estaba haciendo cosquillas en la barriga, y que por fin íbamos a empezar a tener un hogar.



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Edita: Plaza & Janés
Encuadern.: cartoné
ISBN: 8401335639
280 pág. (15x23cm)

Éste es uno de los 90 capítulos de una historia que se ha convertido en objeto de culto en Internet. Más de cien mil lectores de toda Hispanoamérica disfrutan con las aventuras de una familia española, narrada con desparpajo por la madre sufridora.

En realidad el autor, Hernán Casciari, es argentino y es hombre, pero está acostumbrado a llevar su narrativa a otros extremos y convertirse, por ejemplo, en una desopilante maruja de clase media, o en la princesa consorte de España, o en un vidente vasco que predice calamidades surrealistas.

La editorial española Plaza & Janés lanzará este otoño la versión novelada de este éxito on line, en donde Casciari ha debido trabajar largos meses en la adaptación de la historia. Desde septiembre de 2005, la gran heroína de la Red (que paradójicamente es un ama de casa) pasará por fin de la pantalla al papel, para alegría de quienes sólo disfrutan de la lectura cuando ésta llega a través del soporte tradicional: el libro. •• Más información

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