De repente, la vejez

Nací el 19 de diciembre de 1951, aquí en este mismo barrio. Una semana antes de cumplir los catorce, en medio de la clase de caligrafía que deba una monja insensible que se llamaba Hermanita Caridad, noté algo raro que me bajaba desde el estómago a la entrepierna. Me sentí tonta. No tenía la menor idea de lo que era la regla.

Después el innombrable inauguró cien pantanos, y otros cien, y siguió pasando el tiempo. Me acosté por primera vez con un señor el 1 de mayo de 1971. Yo tenía casi veinte años y estaba muerta de miedo. “No vamos a hacer el amor”, me dijo, “vamos a juntar los pelos”, y yo le creí por primera vez. Desde entonces le he creído siempre a ese señor, que ahora ronca en la otra habitación mientras escribo. Se llamaba Zacarías y ya no se acuerda, ni de la fecha, ni de mis temblores, ni mayormente de nada que tenga que ver conmigo.

Desde la tarde en que junté los pelos con él por primera vez (era el Día del Trabajo y hacía frío y habíamos bebido chocolate con churros y habíamos ido al cine porque echaban una de Analía Gadé), la regla me falló solamente tres veces; la primera hace casi treinta años, cuando quedé del Nacho, mi hijo mayor. Fui madre por primera vez a los 23 años, y rompí bolsa por última vez cuando nació la Sofi, a mis 38. Todavía me sentía joven.

Miro fotos de aquella época y tengo el peinado rarísimo; todas íbamos con la permanente y con hombreras, no sé por qué. Yo estaba más delgada; parecía un junco. Después vinieron las varices, las estrías, el Toño que nació cabezón y casi me desgarra (Antonio es mi hijo el del medio), más tarde llegó el socialismo con la ilusión del cambio, y el principito llevando la bandera en Barcelona... Pero la regla estaba, todos los meses. A veces las pelas no, a veces los revolcones con el Zacarías no, pero la regla estaba. Puntual. Era la única cosa que no me había traicionado nunca. Por eso ahora me siento en babia, como si me faltara el sonido del despertador por la mañana.

A la Sofi, que es mi hija pequeña y la única mujer de esta casa, se lo he intentado explicar esta tarde, pero tampoco me entiende. Ella es joven (le ha venido por primera vez hace poco) y no se puede esperar que entienda lo que me pasa. Me ha dicho que consulte por Internet, que allí hay médicos virtuales que no te cobran un duro. ¡Hala!

Yo siempre había sido como un reloj, todos los meses de mi vida, y ahora voy un poco cabizbaja. La espero desde el miércoles y nada. Nada de nada. La que llegó un día en medio de una clase en el Colegio de la Misericordia y me dio vergüenza que llegase, ésa, ya no viene más. Ya no me inoportuna. El mes pasado fue la última vez de muchas cosas, y yo sin darme cuenta.

Mientras escribo navego en una página médica, pero todo lo que dice allí no es ninguna novedad. ¿Tiene usted dolores óseos? Sí. ¿Tiene depresión, irritabilidad, angustia, insomnio? Sí. ¿Tiene molestias en las relaciones sexuales? Ni la más remota idea, señor médico virtual, porque el Zacarías no se toma la molestia de descubrirlo desde hace siglos, que se dice pronto. ¿Tiene mayor flacidez en las mamas? Sí, parecen dos quesos de Burgos. ¿Tiene sequedad vaginal? Tengo para mí y para regalar. ¿Qué más tiene, señora? ¿Qué más tengo? Tengo 51 años, ocho meses y 13 días. Tengo ganas de llorar y de que alguien me abrace. Pero son las cinco de la mañana y toda la familia duerme como si en esta casa no pasara nada.



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Edita: Plaza & Janés
Encuadern.: cartoné
ISBN: 8401335639
280 pág. (15x23cm)

Éste es uno de los 90 capítulos de una historia que se ha convertido en objeto de culto en Internet. Más de cien mil lectores de toda Hispanoamérica disfrutan con las aventuras de una familia española, narrada con desparpajo por la madre sufridora.

En realidad el autor, Hernán Casciari, es argentino y es hombre, pero está acostumbrado a llevar su narrativa a otros extremos y convertirse, por ejemplo, en una desopilante maruja de clase media, o en la princesa consorte de España, o en un vidente vasco que predice calamidades surrealistas.

La editorial española Plaza & Janés lanzará este otoño la versión novelada de este éxito on line, en donde Casciari ha debido trabajar largos meses en la adaptación de la historia. Desde septiembre de 2005, la gran heroína de la Red (que paradójicamente es un ama de casa) pasará por fin de la pantalla al papel, para alegría de quienes sólo disfrutan de la lectura cuando ésta llega a través del soporte tradicional: el libro. •• Más información

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