Primero no entendíamos por qué venían tantos amigos del Caio a visitar al Nonno a la pieza, hasta que la Sofi, que duerme en la habitación de al lado, le fue con el cuento al padre, llorando como una magdalena. "¡Papá! Claudio hizo un agujero en el ropero del abuelito y les cobra a los amigos para que me vean las tetas cuando me desvisto...". ¡Ay, corazones, la que se armó!
[Leer completo]Cuando era chica mamá me enseñó una propaganda de la radio que decía "Jabón Federal... evita la refregada". Una mañana que la estábamos tarareando en el recreo, vino una maestra y me dio vuelta la cara de un cachetazo: "¿Qué es eso de Evita la refregada?" —me dijo— "En la escuela no se habla de política, González".
[Leer completo]¿Por qué razón un padre de familia decide, en un momento determinado de la Fiesta, ponerse una corbata en la cabeza y arruinar años y años de ahorros e ilusión? ¿Qué titiritero invisible lo obliga? Ése es un misterio que deberían estudiar los científicos, en vez del mal de chagas. Y es justo este detalle —una corbata alrededor del marote— lo que pone fin a la evolución de mi marido, lo que lo devuelve a las cavernas.
[Leer completo]Hasta no hace mucho tiempo, vivir a cien kilómetros de la Capital era como vivir en el paraíso. Mercedes era un lugar seguro, donde nunca pasaba nada: ni bueno ni malo. Y nosotros vivíamos en paz. Desde hace unos años, la cosa cambió.
En lo que va de año ya robaron dieciocho veces en el barrio. Pero la gota que colmó el vaso fue esta semana: siete robos nocturnos, y tres al mismo negocio. Y como la policía no hace nada, porque en enero los únicos que trabajan son los ladrones, los maridos del barrio empezaron a hacer vigilancia civil nocturna.
[Leer completo]Cuatro días, once horas y seis minutos le duró al Zacarías la pérdida de su propia identidad. Lo que más me preocupaba a mí ya no era la amnesia propiamente, sino la deshidratación. Andaba vestido de Papá Noel con cuarenta grados a la sombra el pelotudo, y no había manera de convencerlo de que se pusiera algo rojo (si le daba la gana) pero livianito. El cabezadura iba con la barba de algodón que le transpiraba todo el cogote, y con el mameluco de invierno con gomaespuma, que para peor era alquilado. Entre el jueves y ayer vino como tres veces el chico de la Casa de Disfraces para que le devolvamos la ropa. Trascartón cada vez que venía atendía la puerta siempre mi marido:
[Leer completo]Anoche, tarde, salgo a sacar la basura y me la encuentro a la Sofi en el zaguán, enroscada alrededor de un tipo. Parecían dos dedos cruzados. Sería por lo oscuro que estaba, o por el entrevero de carne, pero ni un forense podría haber asegurado de quién era cada pierna y cada brazo. El muchacho tenía los pantalones a medio camino y la Sofi el vestido flojo, y le entraban y le salían manos peludas por el escote y por el elástico de la cintura. Casi tengo que entrar a vomitar del asco. Pero soy una madre, así que respiré hondo, les prendí la luz y me los quedé mirando. "¡Mamá! —me dice, arreglándose la ropa— Este es Pajabrava, un compañerito de la escuela". Y me señala al galán, con la cara llena de granitos, los ojitos tristes como los de Paul McCartney, que mientras se abrocha el pantalón y se pone colorado me saluda con la cabeza. "Usted se manda a mudar de acá —le digo sin énfasis—, y vos metéte ya mismo para adentro". En la cocina, más calmada, recurro al papel de la madre moderna:
[Leer completo]El Zacarías y el Nacho salieron para Luján esta noche, ni bien los encontraron. ¡Y nosotros llamando a las fuerzas públicas de Mercedes! Lo único bueno de estos descerebrados es que se mandaron la cagada a treinta kilómetros, así que con suerte en el barrio nadie se entera de que están presos, porque me puedo llegar a morir de la vergüenza. Hace un rato, por teléfono, le pregunté al Zacarías "¡pero contáme qué hicieron por lo menos!" y mi marido, siempre tan verborrágico, me dice "es largo, mujer, te acabo de mandar un fax con la declaración". Estamos solas la Sofi y yo, acá en casa, y no podemos creer lo que estamos leyendo. Lo comparto con ustedes porque ayer estaban tan desesperados como yo, pero por favor no lo hagan público, porque es un bochorno:
[Leer completo]El Caio entra a la cocina muy serio anoche, mientras yo lavaba las tazas y el Zacarías leía el diario: "Papá, ¿por qué ahora que el Nacho es sarasa nadie le dice nada, mientras que si yo me mando una cagada cien veces más normal, como cuando me echaron del colegio, todo el mundo dice que soy un infradotado y la vieja me manda al sicólogo?". Yo lo miré al Caio, respiré hondo, me sequé las manos con el delantal y le dije que sentara a la mesa un rato a charlar. No quería dejarle esa conversación al Zacarías porque está muy alterado. Primero le expliqué que no le quería oír nunca más la palabra sarasa para referirse a su hermano: que se debe decir "ser humano con inclinaciones sexuales enfermizas", o directamente "puto".
[Leer completo]Según el Zacarías, la idea de la webcam de la Sofi ha sido un tremendo error y no le hizo la menor gracia. Me lo dijo hace un rato, después que la encontró trabajando y la recontra cagó bien a patadas a mi nena, pobrecita. La Sofi ahora está pachucha, con un ojo a la miseria, pidiéndole perdón al padre a los gritos desde la pieza (no porque esté arrepentida, sinó porque tiene miedo que el otro venga y la vuelva a fajar). Yo lo que no entiendo del Zacarías es cómo tiene el alma tan noble para algunas cosas, y sin embargo es capaz de reventar a patadas a sus hijos y después irse tan tranquilo. Pero bué, se ve que el semidesnudo de la nena, en su escala de valores, es más grave que la miseria cotidiana..., ésa seguro que la asimila mejor. Hablando de asimilar: el que sí se asustó mucho fue el yanqui que estaba mirando a la Sofi despelotarse, porque cuando apareció el Zacarías y vio el espectáculo, la cagó a trompadas en directo para las cámaras. ¡Pobre yanqui! Ahora se debe pensar que acá somos todos unos indios. Me voy a entregar los pastelitos del domingo, porque ahora que no hay webcam no tenemos ni para comer. (Prometo que mañana estaremos más tranquilos.) ![]()
Entre el Zacarías y yo lo sentamos al Caio a la mesa y le empezamos a preguntar qué pensaba hacer con su vida. Yo hoy estoy media alterada por problemas cotidianos de guita, así que no me fui por las ramas: "Mirá pendejo -le digo-, o te conseguís un laburo o te mandás a mudar de esta casa, que acá no estamos para mantener vagos". El Caio lo mira al padre y le dice: "¿Vos viejo te venís conmigo a la calle, no? Porque últimamente más vago que vos no hay...". Y justo cuando yo pensaba que el Zacarías iba a hacer uso de su infalible revés con nudillo (cosa que el Caio se merece cada vez más) mi marido va y se me desmorona. Mete la cabeza entre los brazos y se larga a llorar como Verónica Castro en "El derecho de nacer". Entonces yo y el Caio nos quedamos sin aire, nunca lo habíamos visto llorar al Zacarías. Nunca jamás en la vida de dios. Dos minutos llorando se pasa, hasta que levanta la cabeza, lo mira al Caio y le dice: "¿Tenés un pañuelo?". El Caio le da un pañuelo; me mira a mí y me dice: "¿Me das un cubito?". Y yo le doy un cubito. El Zacarías mete el cubito adentro del pañuelo, se levanta, toma impulso y le revienta un ojo al Caio de una trompada. "Tomá -le dice-, ponéte hielo en ese ojo antes que se te hinche". Y hace mutis. ¡Un superhéroe, el Zacarías! Me dejó toda enamorada... ![]()
El Caio y el Zacarías no deberían jugar al escrábel, porque siempre terminan agarrándose a las trompadas, revolcándose por el comedor y rompiéndome las cerámicas, porque son unos cabezones. Yo no sé por qué directamente no juegan a cagarse a piñas, si es lo mismo. Hoy a la tarde el Caio pone la palabra partusa y el Zacarías le dice que no existe. El Caio le dice que sí y le argumenta: "¡Cómo no va a existir si anoche vine de una partusa en casa del Chileno Calesita!". El Zacarías la da por buena a regañadiente y aprovecha la "u" para poner zerrullejo y además triplica y usa las siete letras. Total: 186 puntos. Al Caio le agarra la bronca y dice que esa palabra no existe ni acá ni en Venezuela que existen casi todas, y el Zacarías le dice: "Cómo no va a existir si ayer a la tarde me la pasé zerrullejeando hasta que se me hizo de noche". Y el Caio le dice: "¡Andá a hacer trampa a la concha tu tía, gilastrún!", y entonces el Zacarías, que nunca pierde oportunidad de sacarle sangre al hijo, al grito de "¡más respeto!" le da vuelta la cara de un revés con la bolsa del escrábel, que yo no sabía si el ruido era de las letras o de los dientes de Caio. ¡Mirá que son bestias, eh! Después la que tiene que juntar todo el desastre soy yo. ![]()
—¿Alguna novedad, gorda? —me pregunta Zacarías en el almuerzo.
Así que tomo aire y le cuento yo, antes de que se entere por otro lado:
[Leer completo]Esta tarde por fin me la encontré a la Sofi sola en casa, y aproveché para preguntarle sobre la bombacha con boladitos que le encontré (el tema no se me perdió de vista).
[Leer completo]Ya es un hecho: el Caio le afanó el telefonito a la Aurora Peroti. Todo salió a la luz hace un rato. Estuvimos toda la mañana mirando por TN el secuestro de una familia en Tortuguitas.
[Leer completo]El Zacarías se colgó de Direct TV, haciendo un enredo en los techos de Schafetti, y ahora agarramos como ochentaisiete canales.
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