Todavía no me cayó del todo la ficha, pero vayan sabiendo que hoy les escribe una abuela. De repente me agarra pánico, y de repente fascinación. ¡Tengo un nieto! Lo miro, chiquito, indefenso, y me pregunto si hice algo para que este mundo, que ahora es suyo, no sea tan patasucia.
Todavía me tiemblan las patitas... Una cosa es saber que el Nacho va a ser papá, pero otra es ver una ecografía en el monitor; un perfil, unas manitos. Y sobre todo, saber lo que acabo de saber... ¡Es un varón, corazones! Por fin se le vió el pito a la criatura. Se nota que es un pito chiquito, porque está muy escondido: así que es un Bertotti seguro, no hay duda.
[Leer completo]Las mujeres tenemos momentos inolvidables como cuando nos casamos, cuando parimos o cuando nos traen el primer lavarropas. Pero hay algo que también es único: cuando dos hombres se pelean por nosotras. La Sofi está viviendo ese climax desde hace dos semanas, y por primera vez lee mi cuadernito buscando, entre la maraña de voces, los comentarios amorosos de sus dos pretendientes.
[Leer completo]El Caio se queda toda la noche con el Nonno, fumándole porro porque dice que el airecito lo despeja. Le pusimos el grito en el cielo, pero se nos apareció con un folleto que dice que la marihuana es terapéutica: "Estuvo fumando toda la vida estando sano, ¿y ahora justo que le pintó la enfermedad y no es delito se lo van a prohibir?". Siempre tiene buenos argumentos el guacho.
[Leer completo]Mi hijo estuvo tres días en casa, y en esos tres días fuimos de nuevo una familia. Volvió a su pieza, que desde que se fue quedó igual que la última vez. Durmió con las sábanas de siempre, y cada uno de los tres días lo desperté con el desayuno. Y conversamos de nada.
[Leer completo]Cumplí mis primeros quince años en el medio de la dictadura de Onganía. Mi papá, imprentero y comunista (que es una mezcla muy fea) había tenido que desaparecer del mapa un tiempo, y mi mamá andaba llorando tanto por los rincones que no tuvo tiempo ni de acordarse que ese 19 de diciembre era el día en que yo me hacía señorita. Tuve un trauma gigante, corazones.
[Leer completo]Ayer en la sobremesa el Nacho y la Luchía nos dijeron que no pensaban casarse, que no les hacía falta, y yo me sorprendí de mí misma cuando les dije "me parece bien". Siempre sospeché que estaba en contra de que la gente se junte, sin papeles, pero a esta altura de la vida me importa un pepino, mientras el nene sea feliz.
[Leer completo]Anoche pasaron otra vez Los Puentes de Madison, y siempre que agarro esa película en el zapping me digo lo mismo: "Mirta no la mires, cambiá de canal Mirta". Yo no sé lo que me pasa con esa historia, es como que me hipnotiza y no me deja apretar los botones, ¡y después de verla me agarran unos calores en el bajo vientre! Unas ganas de despertarlo al Zacarías, me agarran...
[Leer completo]Estoy desinflada, con los ojos abiertos frente al monitor sin animarme a cerrar la ventana del messenger. La familia hace sus cosas alrededor, como si no pasara nada, como si nada se hubiera muerto, como si no me hubieran arrancado un brazo.
[Leer completo]Hace un rato, aprovechando que el trío de Bertottis masculinos estaba haciendo la Guardia Nocturna de Vecinos, tomé coraje y la senté a la Sofi en la cocina para tener la charla sobre sexo que teníamos pendiente.
[Leer completo]La forma en que el Zacarías demuestra sus celos se conoce que es un poco prehistórica. Me parece a mí que su manera de delimitar lo que es suyo la aprendió de sus antepasados, los rinocerontes. Porque yo no creo que mi marido descienda de los monos, que son unos bichos tan simpáticos.
Anoche llegó Douglas a cenar. "En son de paz", me dijo: quiere que seamos amigos como al principio. A mí me sacó un peso de encima y lo hice pasar feliz y contenta al uruguayo, pero al Zacarías le dio uno de esos ataques de celos que más parecen ataques gástricos: se pasó la cena eructando, rascándose la oreja con el mango del cuchillo, comiendo con la boca abierta y contando chistes verdes.
[Leer completo]Siempre me dieron miedo las llamadas intempestivas en medio de la noche. Siempre que llamaron a cualquier hora fue una mala noticia. Mi hermano; mi madre. Por eso salté anoche, a las cuatro cuarenta de la madrugada. El ring me sonó en los tímpanos como el grito de terror de una oveja. Tanteo el teléfono en la oscuridad. Levanto el tubo.
[Leer completo]Don Américo llegó de Europa renovado, erguido, nuevo. Colgada del brazo izquierdo traía a la sobrina nieta Luchía, una chica que no habla una palabra en cristiano pero que ya sentimos como de la familia. La chica se vino con una mochila, dispuesta a recorrer la Patagonia durante todo enero. Y en el brazo derecho mi suegro venía con una valija llena de regalos. El primer paquete fue para mí. Lo abrí rompiendo todo el papel, porque me encantan las chucherías de Europa:
—¡Ay, Américo! ¡Un collar negro! —le digo encantada— No se hubiera molestado, es precioso!!
[Leer completo]Los esfuerzos del Nacho por reconciliarse con el Negro y la Aurora Peroti dieron sus frutos ayer a la tarde, después del desastre de la otra noche.
Marilú lo llamó por teléfono diciéndole que sus padres querían darle una oportunidad, y que lo esperaban en La Recoba, los tres. La nena le recomendó ir bien vestido, porque era fundamental que diera una buena impresión. "Bien vestido y puntual", le dijo.
[Leer completo]El 24 a la tardecita nos fuimos al Parque Municipal para que el Zacarías ensayara de Papá Noel y diera un par de vueltas en la moto con el disfraz puesto. El esquenún se empeñó en usar lentes oscuros para que nadie lo reconociera. Yo le dije: "Pero a la noche no vas a ver nada con eso en la cara". Pero él erre que erre. Dio un par de vueltas y volvimos a casa. Todo normal: nada que indicara la tragedia nocturna. No debimos haberlo dejado salir a la noche con lentes de sol a repartir las pizzas. Ahora, que ya pasó todo, me siento un poco culpable. Pero entonces hasta nos parecía gracioso el pobre, vestido así.
[Leer completo]En la Navidad hay cosas típicas como la ensalada rusa, el turrón español, o el abuelo italiano, que no deberían faltar nunca. Así que va a ser extraña esta Navidad sin don Américo. Nadie lo dice abiertamente, pero a todos se nos nota que nos falta algo. Incluso ahora, en los preparativos. Pero a la vez estamos contentos de que esté en su tierra, conociendo gente de su sangre y pasando las fiestas ahí donde su madre lo parió.
[Leer completo]Hacía mucho tiempo que la familia no vivía un día entero sin broncas, peleas o zapatillazos. Cuando el Zacarías está contento nos contagia y nos alegra a todos. No es muy común verlo feliz: será por eso. Ayer nos levantamos dándonos los buenos días, desayunamos los cinco juntos, y a media mañana llamó don Américo desde Milán: manda saludos, dice que conoció a un montón de Bertottis y que se vuelve para acá para pasar año nuevo. Zacarías no paraba de sonreír. Primero lo del Nacho de ayer, y ahora Américo que le aseguraba volver a casa.
[Leer completo]Hace muchos años don Américo se fue a su habitación a hacer la valija más triste de su vida. Su madre, a la que nunca más iba a ver, le dijo antes de que el hijo partiera: "Nunca traiciones tu origen milanés, Américo, y jamás te irá mal en la vida". El pequeño cruzó el Atlántico con esas palabras en el alma y no se las olvidó nunca. Cuando dos meses después pisó tierra firme, el 20 de junio del '43, tenía diez años y lo primero que lo sorprendió de Buenos Aires fue el silencio. Era la primera vez en media vida que no escuchaba el estruendo de las bombas de la guerra. Llegaba el niño solo, desde Milán, hambriento y con el pelo hasta los hombros. Y se encontró muy pronto con el primer problema: para trabajar había que cortarse el pelo, para ir a la peluquería había que tener con qué, y para tener con qué había que trabajar. Argentina era un pueblo de pelicortos; las modas europeas no aterrizaban tan alegremente como ahora.
[Leer completo]La mitad de los Bertotti ya volvieron de la cárcel y ahora la familia está resquebrajada pero junta. Parecemos un jarrón pegado a las apuradas y vuelto a poner arriba de la mesa. El Caio no se habla con su abuelo; el Zacarías no se habla con su padre; Don Américo habla con todo el mundo pero en un italiano tan cerrado que parece que hablara ruso, o el idioma de Julio Iglesias. Hablar en dialecto siciliano es su forma de protestar. Hubo tensión en casa este fin de semana largo. Ayer tuvo que venir a trabajar la Negra Cabeza: llegó con lentes oscuros y un pañuelo envolviéndole el apellido. No dijo nada en toda la noche. Ni miró a sus amantes, ni al de 15 ni al de 70. Terminó su trabajo y se fue. Caio y don Américo le miraban con nostalgia el ir y venir del culo cuando se alejaba, con resignación o con esperanza. (La Negra mueve el pandulce que parece un sonajero.) Después se tantearon la mirada entre ellos, compadritos, altaneros, igual que los pretendientes de antes, con odio y respeto, y se fueron cada cual a su rincón. Pero la cosa no iba a terminar ahí.
[Leer completo]Ayer, en el hospital, el médico de guardia le saca una radiografía de la cabeza al Caio y nos dice: "Este chico tiene una pequeña deficiencia mental a causa de las palizas que recibe". El Zacarías se defiende: "Disculpe doctor, esto vendría a ser como el problema de qué fue primero, si el huevo o el escroto: en realidad yo lo cago a patadas porque es idiota... Si no fuera idiota no le toco un pelo al chico, ¿qué gracia tiene pegarle a uno que no es idiota?". A mí me parece que en este caso mi marido tiene mucha más razón que el galeno, porque el nene ya era un pelotudo mucho antes de que el padre lo empezara a fajar. Vamos a ver si ahora, que empezó su fotoblog, se calma un poco el Caio. Ayer se lo veía muy contento contestando comments y colgando sus porquerías en Internet. Aunque el Nacho todavía no lo puede ayudar mucho porque está de duelo. De todas maneras al Nachito se lo ve caidón pero un poco mejor que ayer. Anoche estuvo cenando en casa muy callado, pero con la frente alta. Fue la primera vez que se cruzaron él y mi marido después de la bronca de ayer, y parece que el Zacarías empieza a querer entenderlo al hijo. El problema es que mi marido no es de hablar abiertamente de las cosas. En un momento le pasa la mayonesa al Nacho y el Nacho dice:
[Leer completo]Estábamos frente a frente en la habitación. Douglas y yo, solos. La decisión estaba tomada porque ustedes así me lo habían aconsejado. Yo me estaba quitando el vestido y él la camisa de seda. El deseo carnal volaba por la pieza como un búho, a la espera del zarpazo. Cuando nos acercamos para fundirnos en el primer beso de la noche larga que nos esperaba, justo allí, oímos la patada en la puerta.
[Leer completo]Le dije al Nacho toda la verdad porque confío en él: "Creo que estoy enamorada de otro hombre". Después que le conté los detalles me abrazó y me dejó llorar un rato en su hombro. Él piensa como algunos de ustedes, que debo confiar en mis amigos. "¿Qué querés que te diga yo, mamá?", me dice, "No soy el mejor consejero en este caso, porque te voy a aconsejar como un hijo egoísta, no como un amigo fiel. Que ellos te digan lo que tenés que hacer, ellos te quieren". Yo le digo: "¡Pero Nacho! Desde ayer que ellos tampoco se ponen de acuerdo". Y el Nacho prende el Potochop sonriendo y me dice: "Eso se arregla fácil". Ahora les toca a ustedes, corazones. Pónganse una mano en el alma y sean concientes de lo que me digan será lo haré. Tienen dos días enteros para darme la mejor opción. Yo me voy a llorar al baño y después que me trague la tierra hasta el domingo a la noche. Los quiero mucho.
[Leer completo]La última vez que fui adolescente los Beatles tenían flequillo. Y desde ese día que no me sentía como en este momento. Me tiemblan las patitas y siento culpa. Tengo que decirle a este hombre que lo de anoche fue un error. O no. No sé. Qué confusión más grande. Estábamos solos, me empezó a hablar de las alcaparras, de los tomates perita, y cortaba la cebolla en juliana más rápido que Arguiñano. Yo estaba hipnotizada y no me acuerdo de mucho. Ni sé si yo lo besé a él o él a mí. Pero fue dulce, fue enorme... No pasamos de eso, ni me tocó una teta ni nos revolcamos ni nada. Pero sentí la fuerza bruta de la pasión agarrándome del cogote. Zacarías duerme. Douglas no está. Estoy en la PC un poco llorando pero con la sonrisa del lado de adentro de la cara. ¿Con quién puedo hablar de esto?, me preguntaba anoche. Solamente con ustedes. Nada más que con ustedes. No sé qué hacer. Hoy no voy a hacer chistes; me siento sucia. ¿Qué hago, corazones, qué hago?
[Leer completo]Anoche Zacarías se acostó chinchudo, me miraba de reojo y no me dirigía la palabra. Le pregunté qué le pasaba y me pone cara de carnero degollado: "¿Qué me pasa? Que cuando está ése cocinero gilastrún movés el culo y te reís fuerte, eso me pasa", dicho lo cual me da la espalda en la cama. Yo me aguanto la risa, pongo cara seria y le digo: "¿Vos no estarás celoso, viejo, no?". Y no me responde. Al minuto empieza a hacerse el que ronca, pero yo me doy cuenta que está haciendo teatro, porque cuando hace teatro de que ronca ronca despacio, y cuando ronca en serio es tan espamentoso que un día de un ronquido cambió de canal la tele. "No te hagás el dormido, viejo: vos lo que estás es celoso", le digo medio riéndome. Entonces se sienta en la cama con los ojos llorosos y me dice el anti-piropo más lindo de toda mi vida: "Vos a mí me importás una mierda, pero que te quede claro que sos la única mujer del mundo que me importa una mierda: ¡la única! Solamente yo tengo derecho a arruinarte la vida, ¿me entendés, pelotuda?"... Lo abracé tan fuerte, pero tan fuerte que no tuvimos más remedio que juntar los pelos como dos salvajes hasta altas horas.
[Leer completo]Douglas nos acaba de dar un clase magistral sobre cómo se prepara la masa de una pizza para que que, según sus palabras, "posea la dura coraza del pan francés, el corazón tierno de la galleta criolla y el alma alegre de la tarantella". ¡Usa unas palabras este hombre, que se me acartonan las medibachas inmediatamente! Mientras nos enseñaba sus trucos, hacía malabarismo con el disco de la masa, la giraba con un dedo y hablaba, todo a la vez. La Sofi y yo teníamos la boca abierta y no podímos dejar de sentir su perfume: el perfume inconfundible de los hombres de mundo. Los varones Bertotti, en cambio, dicen que Douglas es medio amanerado. Es la envidia, digo yo. ¡Cómo me va a costar esta noche meterme en la misma cama con el esquenún del Zacarías!
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Ayer a la noche me toca el timbre Daluska, una lectora de este blog que vive en España, y me dice con ese acento tan lindo: "Hola Mirta, felicidades por las 20 mil visitas, disculpa las carcajadas mañaneras, me caíste del cielo con el chatcinando a la mitad de un día de locos y me olvidé que tú pasaste un mal rato. Te traigo un pin que te hice, al estilo de mis monigotes". Y me adjunta en el vestido, arriba de la teta izquierda, un prendedor muy muy pituco que hizo ella misma con sus manos. Me da un beso, pega media vuelta y se va. ¡Un angel la Daluska! Yo me metí para adentro y le mostré a todos el prendedor. A la Sofi y al Caio les encantó (el Nacho no estaba), y el Zacarías se pone los lentes de leer, se acerca, lo mira frunciendo la napia y me dice: "Te hizo culona". Eso quiere decir que también le gustó. ¡Gracias Daluska! Ni bien abramos la pizzería te mando dos de champiñones para tu casa, corazón. Hablando de pizzería: en un rato les cuento unas novedades sobre la inminente mudanza.
El Caio está cada vez más obsesionado con su estatura. Hoy me lo encontré cabeza abajo, colgado de los tobillos en la enredadera del patio, casi sin respiración y con el cerebro lleno de sangre. "¡Qué estás haciendo, descerebrado?", le pregunto. Y casi no me podía contestar de lo incómodo que estaba el pelotudo. Con un hilito de voz me dice "A ver si puedo estirarme un poco las patas, viejaaa..." Si el Zacarías no me ayuda a bajarlo se nos queda muerto el chico, como un ahorcado al revés. Para peor el padre, aunque tiene buenas intenciones, nunca encuentra las palabras para darle ánimo y le salen anti-piropos. Después de un rato le dice, palmeándole la espalda: "Vamos Caio, ánimo hijo, que sos el enano más alto del mundo". Y el Caio lo miró, hizo puchero, y se fue llorando a su pieza. Zacarías tiene esas cosas de bruto que es. Una vez, queriendo decirme algo de amor, me miró a los ojos y me susurró: "La última vez que fui feliz fue el día que te conocí, gordita". Es un desalmado y un cascote..., ¡pero con qué voz de galán que me dice sus anti-piropos!
[Leer completo]¿La verdad? Me levanté sin la más mínima expectativa, porque últimamente no me dan más que disgustos. Pero cuando voy a la cocina, entre el pin de Sandro de América y la entrada del Gran Rex de noviembre del '99, entre la receta de la pizza, es decir, pegado en la heladera, me encontré con la sorpresa más linda del mundo.
[Leer completo]El Zacarías solamente fuma después de juntar los pelos conmigo. Es decir que el cigarro que se fumó hace un rato era de un paquete de Galaxy Suaves, una marca que no se fabrica desde que existía la UCR. Y claro, le cayó mal y tuvo que salir corriendo para el baño haciendo arcadas. Yo me quedé en la cama, relajada como esa gente del Tibet, toda despatarrada, con el peinado hecho un asco y con un sentimiento de paz que la última vez que lo tuve fue cuando fuimos a ver al Papa a Luján.
-Zacarías -le digo desde la cama-, tendrías que hacer esto más seguido.
-¿Vomitar?
-No, ponerte cariñoso conmigo... No sabés cómo tengo el cuerpo ahora.
-Sí, ya te lo vi al cuerpo -me dice-: hecho mierda lo tenés. Antes estabas pasable, Mirta, pero últimamente se te cayó todo... ¿Cuándo corno te salió esa cicatriz, que nunca la había visto?
-¿Ésta? -le digo- Es de la cesárea de la Sofi ¿Te resulta sexy?
-Calláte, hacéme el gran favor -me dice-, y cuando salga del baño tapáte un poco que me da miedo.
El Zacarías siempre fue así, medio chistoso. ![]()
¡Hoy el Zacarías está más raro! Primero anduvo toda la mañana mirándome de reojo, con la cara como de compungido, como si le doliera la panza o algo malo. Después pasó por donde yo estaba barriendo y me pegó un coquito en la cabeza (en él eso vendría a ser un mimo). Yo pensé enseguida que estaba aburrido por estar desocupado y que quería empezar a discutir, pero no... Enseguida agarra, suspira y se va. Entonces me pongo a hacer la comida y se aparece. Se sienta en una silla con el respaldo para adelante, se toma un mate me mira y me dice:
-¿Vos por qué me querés a mí?
Serio me lo pregunta, y se queda esperando que yo le conteste algo. Y ahí debe estar, esperando, porque yo agarré y me vine asustada para acá a arreglarme un poco, porque la última vez que pasó una cosa así, en el '91, lo que quería mi marido era culiar. Qué emoción, yo ya no sé si me acuerdo. ![]()
Esta mañana le digo al Zacarías:
—Anoche estaba leyendo el weblog del Peluche y el muchacho dice que si te mido la poronga con una escuadra puedo saber tu edad biológica. ¿No tenés ganas?
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