Yo no hablo mucho, en este cuadernito, de mi blog. Hablo de las cosas que hacemos acá en casa, acá en este pueblo perdido del Oeste de Buenos Aires, de cómo mi marido y yo nos vamos convirtiendo en unos viejos boludos, o de cómo nuestros hijos se van haciendo boludones adultos. Pero no hablo mucho del "Weblog de una mujer gorda", de todo lo que se escribe sobre este cuaderno, ni contesto todos los comentarios que quisiera, ni respondo todos los mails que me mandan, porque durante el día tengo mil cosas que hacer, cosas aburridas que nunca cuento acá, como lavarle los calzoncillos al Zacarías o ir a la Quesería Despalanque a buscar la muzzarella. Pero ayer debería haber hablado de este blog. Si la Sofi no se hubiera mandado esa macana en el zaguán, seguramente el post de ayer hubiera sido éste. Porque el post de ayer fue el número 100, y yo me enteré hoy. Seré zapalla.
El Nacho, que es más internético, está en esas cosas de los números y del diseño. Yo me siento, escribo, apago y me voy a dormir. ¡A la mierda! Después me levanto y hago cosas. Almorzamos. Nos echamos un rato. Y después de la siesta prendo de nuevo la máquina y miro algún comentario, me río, y a veces me voy a hacer las compras diciendo "ay este Antraxito" o "mirála a la Martrix qué atenta que está a todo", y cosas así. El Nacho, que siempre quiso tener un blog pero le falta constancia para escribir, es el que está en todos los detalles de mi blog. "Mamá, hoy entró poca gente porque te pusiste muy seria", me dice un día. "¿Pero vos qué te creés, pelotudo, que soy Mafalda yo? Vamos a ver cuando Mafalda tenga la menopausia que graciosa que es", me defiendo.
Pero hoy sí. Hoy me importa haber llegado al post número cien. Como también me gusta que haya mucha más gente de Argentina que antes. Como también me gusta que los comentarios que dejan ustedes, corazones, sean tan elaborados, tan lindos de leer. Tener un blog en casa es como tener un perro. Cuando Nacho me regaló este blog yo no sabía qué hacer. "Sé vos misma" me dijo él. Y yo me acuerdo que le dije "¿Y quién carajo querés que sea, Leidi Di, esquenún?".
Lo que no sabía es que un blog entra a una casa junto con todos los lectores, y que los lectores se convierten en cuñados que andan en pijama por la cocina. Acá en casa nadie dice "el señor que escribe largo en el blog de mamá"; acá en casa se dice Nrgumeno y todo el mundo entiende. Acá en casa decimos el Dúftin, decimos Rafa Piltrafa, decimos la Betty, decimos Truta, decimos la Shered y el Oruga, don Perro, Daluska, don Félix, José Luis, y todos entienden de qué se habla; decimos Voet y decimos Oz y Joaca y Martim y Marina y Chinan y Singing Banzo y Zalacain y Lorien y Armando y Giancarlo; Timoteo, Supernova y Orco; decimos la loca de la Guffaw, y Atitar, y One; y también Florcita la de Menorca, Carolaina, DuVeth, Don Carlo, Chamuco, Guaterresistant, Tostada, Zampano, Fab, Chivis (que escribe última siempre); y Elena, Blanca, Mentecato o Mel; y Gat!t0, e Inita, y Lolo (que escribe casi tan largo como Nrgumeno, si eso fuera humanamente posible) y Fer y Diablita y Caro la mexicana; y Patri y Oink y Sandrágoras y Lü y Roberto y Alejandro y Krusty y Casopatológico, y Diego el del interior, y Zutique y Bea la de actilingua, y Claudio y Mimi los de Israel, y el loco de Mauro que se puso nuestro apellido en Miami, y Basdala & Azu, y todos los nuevos, a los que les decimos la camada datafull y que ya iré conociendo mejor. También sé que hay muchísimos lectores mudos, que están en casa sin decir una palabra. También se notan mucho: esos escriben mails porque son vergonzosos de hablar en público (hola Enric el mirtómano, hola Juan Poco, hola Camilo el de Tarrasa que una vez anduvo por Mercedes, hola a los que reciben los post en el Outlook). Decimos los nombres de ustedes como si dijéramos carnicero Pertossi o Bocha Blandini o Douglas. Y ustedes no son desconocidos que escriben comments: son amigos que vienen a casa. Y cuando ustedes vienen yo me pongo contenta.
Ayer Nrgumeno dijo algo muy inteligente cuando pasó por casa. Dijo que "si se estimulara a los autores, sus blogs mejorarían notablemente". Y hoy, que ustedes y yo cumplimos cien charlas, quisiera decir que si este cuadernito está vivo y le gusta a las 900 personas que lo leen desayunando en España o almorzando en Argentina o cenando en México o de refilón en la oficina de Israel, es por pura estimulación. Por puro cariño. Así que si llegamos hasta los cien, fue por ustedes.
Que tengan un buen fin de semana, corazones. Nos vemos el lunes.
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