La última vez que fui adolescente los Beatles tenían flequillo. Y desde ese día que no me sentía como en este momento. Me tiemblan las patitas y siento culpa. Tengo que decirle a este hombre que lo de anoche fue un error. O no. No sé. Qué confusión más grande. Estábamos solos, me empezó a hablar de las alcaparras, de los tomates perita, y cortaba la cebolla en juliana más rápido que Arguiñano. Yo estaba hipnotizada y no me acuerdo de mucho. Ni sé si yo lo besé a él o él a mí. Pero fue dulce, fue enorme... No pasamos de eso, ni me tocó una teta ni nos revolcamos ni nada. Pero sentí la fuerza bruta de la pasión agarrándome del cogote. Zacarías duerme. Douglas no está. Estoy en la PC un poco llorando pero con la sonrisa del lado de adentro de la cara. ¿Con quién puedo hablar de esto?, me preguntaba anoche. Solamente con ustedes. Nada más que con ustedes. No sé qué hacer. Hoy no voy a hacer chistes; me siento sucia. ¿Qué hago, corazones, qué hago?
Copyright © 2003-2005, Mirta Bertotti. Mercedes, Buenos Aires, Argentina.