Anoche Zacarías se acostó chinchudo, me miraba de reojo y no me dirigía la palabra. Le pregunté qué le pasaba y me pone cara de carnero degollado: "¿Qué me pasa? Que cuando está ése cocinero gilastrún movés el culo y te reís fuerte, eso me pasa", dicho lo cual me da la espalda en la cama. Yo me aguanto la risa, pongo cara seria y le digo: "¿Vos no estarás celoso, viejo, no?". Y no me responde. Al minuto empieza a hacerse el que ronca, pero yo me doy cuenta que está haciendo teatro, porque cuando hace teatro de que ronca ronca despacio, y cuando ronca en serio es tan espamentoso que un día de un ronquido cambió de canal la tele. "No te hagás el dormido, viejo: vos lo que estás es celoso", le digo medio riéndome. Entonces se sienta en la cama con los ojos llorosos y me dice el anti-piropo más lindo de toda mi vida: "Vos a mí me importás una mierda, pero que te quede claro que sos la única mujer del mundo que me importa una mierda: ¡la única! Solamente yo tengo derecho a arruinarte la vida, ¿me entendés, pelotuda?"... Lo abracé tan fuerte, pero tan fuerte que no tuvimos más remedio que juntar los pelos como dos salvajes hasta altas horas.
Copyright © 2003-2005, Mirta Bertotti. Mercedes, Buenos Aires, Argentina.