Yo no estoy en contra de los maricas, ni de los negros, ni de los judíos. Pobre gente. Ellos no tienen la culpa de nada. Pero nunca pensé que un hijo mío... No puedo hablar.
Tengo los dedos agarrotados como si fueran chorizos. Acabo de hablar con el Nacho por el mesenger, yo desde casa y él en su depto, y pasó algo raro, creo que me metí en una conversación privada de él.
¿Quién es José María, dios mío? ¡Dame una señal, virgencita de Luján! ¿Tengo que llevar a mi hijo al doctor o algo?
Tengo todavía la ventanita del messenger prendida, la miro y la miro y no puedo dejar de temblar.
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