02 de Octubre de 2003

Una cena con tropiezos

Al Negro Peroti, compañero de la colimba del Zacarías, yo nunca lo pude ver.

A la Aurora menos, porque es muy pretensiosa, muy nariz para arriba. Ellos se ponen a hablar y nos dejan a nosotras, que somos como el agua y el aceite, solas y muy incómodas. Anoche vinieron a cenar a casa y como siempre la pasé muy mal. Aunque después se puso peor que nunca y me salió el animal que llevo adentro.

Aurora me mostró un teléfono celular que le había regalado el marido. Chiquitito, el teléfono, con mil chucherías. Después de la cena el telefonito desapareció como por arte de magia y la Aurora empezó a hacer un escándalo.

Lo buscamos por todas partes, pero no aparecía. La Aurora pidió que revisáramos las habitaciones de la Sofi y del Caio, y ahí yo perdí los papeles y le dije "Aurora, anda a revisar a la concha de tu madre, a ver si está el telefonito". Se me escapó, se me escapó esa palabrota. Ahora estoy muy arrepentida.

Los Peroti se fueron de casa sin saludar. Y el Zacarías no me habla. El único que me apoyó esta mañana es el Caio. No sé por qué, pero me parece que al celular de la Aurora lo tiene él, porque anda contento.

Este post fue publicado originalmente en en Blogspot, y es posible que allí su versión sea más completa

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